Ante las múltiples solicitudes (como 2 ó 3) para que creara un blog en las que estuvieran algunos de mis escritos, ahí se los dejo para que opinen lo que se les dé la gana, nomás no exageren...

martes, 19 de abril de 2011

El loro caperuzo

Calientias y calientitos.

Domingo 13:21 hrs. el sol cae a plomo (yo diría a hierro o cualquier otro metal más pesado, aunque según recuerdo creo que el plomo en la tabla periódica es de los elementos más pesados, pero bueno me entendieron, o no?) en contraesquina de mi escueta residencia, se acaba de inaugurar una taquería (podría continuar escribiendo sobre los gordos y los flacos -uy...no crean que apetezco escribir encima de alguien ehh, aunque con gusto escribiría encima de Leelee Sobiesky, la mujer más bella del mundo- pero ya chole de hablar de comida) y por tal motivo están en éste preciso memonto (¡si que hace calor!) perdón momento, se encuentran Winnie Pooh y Tiger invitando a la acalorada ciudadanía a tumbarse unos ricos tacuches para solventar sus álgidas apetencias vespertinas.

¿Se imaginan el calor que deben sentir éste pobre par de individuos dentro de esas gordas botargas? ...¡¡¡y el olor!!!...me imagino que en éste instante ambos han de estar pensando “¡uta madre! ¡con razón mi vieja se queja de mi hediondez!”...”juro que la semana que entra si me baño”...y así.

Bueno el chiste es que con esa disney-animalesca imagen recordé un fatídico y nefasto domingo en que, al igual que hoy hacía un calor infernal (de esos en los que las habitantes del averno lucen sus mejores bikinis y tangas -¡ya flaco, el calor te hace pensar cosas impropias! ¿qué pensarán tus lectores? sobre todo los que militan en el Opus Dei y la Vela Perpetua /que no es lo mismo que...vela perpetuamente...jajaja/-) y yo estaba derritiendo mis delgadas ideas frente a mi compu, dizque trabajando aquí en mi elegante changarro.

El caso es que encontrábame yo distraído de mi entorno, cuando de repente vi de reojo que se estacionó aquí enfrente una camioneta azul marino, misma que no me causo ninguna sorpresa ya que como todos los domingos, el tianguis dominical domina la dominguera existencia de los domingos y un cúmulo de vehículos automotores se estacionan en los alrededores. Pero después de unos segundos un nauseabundo olor llego hasta mi fina y respingada narizota y pensé...”ah jijo, ahí viene el huelerrecio”...pero instantes posteriores me di cuenta que el olor estaba más cabrón (peor que el que emite un macho cabrío), o sea que era más salvaje aún que el que emite tan desagradable personaje, por lo que procedí a cerciorarme de donde y cual era la causa de tan espantosa emisión de fragancias infrahumanas.

Salí y....¡en la madre! ¡una hiena!...siii ¡una hiena a dos metros de mi! ...¡en serio! ...no piensen que éste es uno de mis pésimos cuentos surrealistas, es neta.
Econtrábase una hiena encerrada en una de esas jaulas rodantes que utilizan los circos para promocionarse en forma salvaje (literalmente hablando), la cual estaba asida a la parte posterior de la camioneta azul, pero eso no es todo, atrás de la primera hiena que me espantó, había otras dos tristes hienas (y eso si es literal, por las tres tenían cara de ...¡sáquenme de aquííí!!) que por ningún motivo se iban a reír ya que el espacio era ínfimo y quizás por esa razón las tres cánidas emitían nauseabundos olores.

Y que dijeron ustedes ¿ y éso es todo? ah que flaco tan delicado y quejumbroso, tanto argüende por unas tristes hienas.
Pues no, eso no era todo, atrás del carruaje hienesco se encontraba otra camioneta en circunstancias similares, pero cuyo contenido jaulesco era de...¡dos famélicos leones! ...siii, una leona y un león apretujadamente enjaulados y separados por una reja, me imagino que para que no se pelearan o para que no ejecutaran espectaculares actos sexuales con fines reproductivos, con eso de que los leones tienen la sana (y cansada, supongo) costumbre se realizar hasta 30 coitos en un día, pues la imagen de ver a los leones haciendo sus cositas (¿cositas?) enfrente del público infantil.

Aunque pensándolo bien, con eso de que los escuincles cada vez son más precoces, quizás sería un incentivo para estimular la visita al mentado circo...”Papá...¿me llevas al circo de los leones cojelones?”

El caso es que el olor era horrible, comprendí cabalmente esa frase que dice...”¡¡¡huele a lión!!!” ...y si a eso le añadimos la nefasta fragancia hienesca, eso ocasionaba una sensación propia a estar en el anfiteatro del inframundo, ¡se los juro!...por ésta que es verdad.

Sólo 4 o 5 horas estuvieron aquí, con el añadido de que tenían unas bocinotas de éste tamaño anunciando al mentado circo con un individuo desgañitándose “paasen a ver a lión“...cientos de chamacos con sus crudos padres se tomaron fotos frente a las jaulas, la algarabía era tal a la que provoca la visita de...¡un circo!...pero romano. Varias veces pensé en autosuicidarme, pero pensé...”no le voy a dar el gusto a estos animales”, refiriéndome claro está, a los cirqueros y no a las especies animales que contra su voluntad estaban encerrados, sedientos y hambrientos . Cuando por fin se fueron, lloré…¡estoy vivo, sobreviví! mi autoestima se elevó por los cielos, pinche flaco ¡que aguantador eres! ¡eres mi ídolo!, bueno si yo no lo pienso ¿pus quién?

Para continuar mi relato animalesco, en mi mente surgió el recuerdo de un ínfimo zoológico que conozco muy bien...mi casa.

Mi ex esposa (que en lo sucesivo la nombraré como Cristina -por que así se llama-) es muy aficionada a los animales (no se rían, ya sé que luego luego pensaron: con razón se casó contigo) y esa razón por años tuvo a fea costumbre de hacerse de múltiples especímenes animales, ya sea que las recogía de la calle, se las regalaban o se las compraba a mis bellos párvulos .

Aves, reptiles, peces y mamíferos fueron cohabitantes de mi minúscula residencia, podría platicarles las múltiples experiencias que tuve con cada uno de ellos, pero éste relato se extendería al infinito y más allá. Sólo les platicaré algunos que según yo, fueron los más relevantes o extraños.

Como 8 perros fueron los que Cristina tuvo a bien, recoger de la calle para salvarlos de las inclemencias del tiempo y de la tripa vacía.

Una vez llego con una flaca perra negra con extraña y triste mirada, por lo que la susodicha (me refiero a Cristina) le enterneció y trajo a la casa. ¿Y ahora? …pregunté yo …ay está linda la perrita ¿o no? …ay Cris otra vez una perra, tú la cuidas ehh, por que siempre me traes animales, los primeros días ustedes los cuidan, al rato se enferman, los llevas al veterinario, yo pago las consultas y las medicinas y luego ¡yo los tengo que cuidar!, con el asco que me dan tus perros pulguientos y de pilón se mueren luego luego y hay que enterrarlos… aaahhh es que está lindaaa, te prometo que ésta no se enferma y que nosotros la cuidamos… mmm, si ¡cómo no!

Como a los dos días llego del trabajo, abro la puerta y… au au au, chilla la perra (que de forma por demás original Cristina la llamó la “negra”) por que estaba acostada al pié de la puerta, y pues la magullé contra la pared…¡a quién se le ocurrió acostar ahí a la perra!…es que ahí se puso y pus no se ha querido mover… mmm, que se me hace que está enferma… nooo ¡como crees!
En eso que la mentada negra que estornuda estrenduosamente y que se le sale ¡tremendo mocote!…guácala es una de las peores cosas que he visto en mi vida y eso que he visto cada cosa…
Al otro día Cristina llevó a la perra al veterinario, le cobró una fortuna, compró unas medicinas y como a los dos días se murió la perra… acompáñame a enterrarla… grrrrr.

Una linda noche, llego a mi casa muy contento, abro la puerta y…¡ay guëy!…casi salto arriba del sillón…¡qué es esto! …ay, esta lindo ¿no?….¡no manches Cristina que perro tan feo! ¡de que basurero lo sacaste! …¿cómo sabes que lo encontré en un basurero?… soy pitoniso, y además ¡a eso huele! …esta curiosito ¿no?…¿curiosito? curiosito yo (flaco, chaparro y narizón) ¡ese perro está horrible!…Resulta que la perra (por que siempre de los siempres, los canes que llegaron a mi casa a la mera hora resultaron ser perras, por lo que en los períodos de brama era latosísimo espantar perros que aparecían de la nada en busca de satisfacer sus instintos carnales -¿no serán canales?-) aparte de curiosita, estaba pandeada de la columna vertebral (como si fuera un vado), ligeramente chueca del lado derecho, estaba chaparra, alargada, con los pelos cafés muy largos y enmarañados, muchos pelos pegados (de mugre), flaca y panzona a la vez y extremadamente pulgosa. Pero esto no era lo más feo que tenía el ser perruno, los ojos… ¡ahh que feos ojos! ¡jamás había visto unos ojos tan saltones!…ríanse de los sapos, ésta perra tenía los ojos desorbitados (literalmente hablando) y bizcos que sobresalían ampliamente entre la sucia pelambre, no se necesita ser un erudito para dilucidar que la pobre perrita había sido atropellada y que de pilón se encontraba esperando cachorros.

¡Sácate con tu perra a otro lado! … ay, ¿por qué?…por que está fea, pulgosa, sucia y embarazada… ay no seas malo …no soy malo, sólo velo por la salud de los niños, ¡no chingues!… ay, mañana la saco de aquí. En efecto al otro día la sacó de la casa y la instaló en el espacio que quedaba bajo de las escaleras que van a la calle, después de unos días, en ese lugar se “alivió” la “pulgas” (otro original nombre), sus cachorros nacieron muertos (paradoja) y …se los comió. Como un mes después amaneció muerta la pobre perrita fea.

Bueno, esto ya se tornó medio triste, mejor les platico de los canarios. Una noche llegué del trabajo (Cristina de forma astuta, siempre aprovechó mi ausencia para hacerse de sus animales) abro la puerta y al fondo, en la cocina, que veo una jaula colgada y tapada con un trapo….grrr, no me digas que otra vez compraste periquitos o lo que es peor ¡un loro!… no, cómo crees, es un canario que compré en el tianguis, es que me siento muy sola en las tardes…¿sola?, pero si tienes dos hijos… bueno, cuando ellos están en la escuela… ok, está bien, los canarios no dan mucha lata.

Después de unos días, que llego y me dice Cristina… ¿qué crees? …¿qué? -pregunté medio espantado- …que el canario no era canario sino canaria, así que le acabo de comprar su parejita… pero, ¿para qué?…pues para que pongan un huevito… ¡¡¡Un huevito y la mitad del otro me costó aguatar a Cristina con su eterno zoológico!!!

Al otro día que me levanto y escucho unos ruidos en la cocina, me acerque a la jaula -donde provenían los ruidos- levanto el trapo que cubría la jaula y… ¡En la madre! ¡que madriza le acomodó el pájaro a la pájara! Sin plumas en el cuello, con un hilillo de sangre debajo de una ala y con el dedo de en medio de la pata derecha casi colgándole…¡¡¡Cris ven a ver a tus pájaros!!!… ¡ay maldito que le hiciste a mi canarita! …ahorita vas a ver… ¡nooo, Cris, no le hagas nada!…¡por qué! -contestó ella- …¡cuida mucho a éste animal!…pero, ¿para qué?…éste pájaro vale oro, mira el sábado lo llevamos al palenque de Tultepec y ¡¡¡le sacamos una lanota!!!

Finalmente, Cristina separó al canario con un cartón, luego se lo regaló a una vecina -no sin antes advertirle de la peligrosidad de tan salvaje plumífero- y como a los dos días la pajarita perdió el dedo magullado y vivió con nosotros como un año… por alguna extraña razón Cristina ya no le compró una parejita, digo… p‘al huevito.


¡El looroo! …se canta en la lotería, ésta baraja no existiría si el inventor de tan sencillo juego, hubiera conocido al loro de Cristina (me refiero al feo pajarraco psitácido de verdes plumas, mirada perversa y vidriosa y pelón de la cabeza -obviamente-) que la mamá de ella tuvo la certeza de obsequiarle cuando recién casamos y nos cambiamos a ésta bella y retirada colonia.

¡Pinche animal!…éste si me sacó unas canas tan verdes como sus despeinadas plumas (hasta ahorita me calló el veinte y estoy tomando en cuenta que el mal gusto para eligir mascotas fue heredado… habiendo tantos animales dóciles y bonitos… ¡nooo hay que escoger a los más méndigos y feos!) ya que aparte de lo feo, era por demás gritón, agresivo y sucio. Le quería uno dar una galleta y lanzaba feroz picotazo como si uno lo estuviera atacando, las veces que se escapó de su jaula (por que aparte de latoso era muy listo) abriendo la puerta (mil veces le dije a Cris… ponle un alambrito a la puerta por que si no, se va a salir… ay no, no pasa nada) era casi imposible agarrarlo, debido a su inteligencia y mal carácter… un halcón es más dócil y tranquilo que ése engendro del mal extraído del meritito infierno. Varios sustos me sacó el hijo de Rasputín, uno de ellos fue cuando iba yo saliendo todo encueradito del baño y se me abalanzó sobre la cara, afortunadamente me alcancé a agachar (si no, me hubiera pasado lo mismo que le pasó a su pariente… el perico) y a cerrar la puerta del baño de manera ipsofacta para salvarme de tan lindo espécimen aviario.

Tres veces tres se escapó fuera de la casa, en la primera Cristina sólo tardó como 15 minutos, utilizando un trapo lo atrapó (que bonito idioma tenemos) no sin antes llevarse sendos picotazos de tan ligerita y fina ave.

La segunda fue la buena (para mi), fue un sábado en la tarde, encontrábame apoltronado viendo la tele en mi recámara, cuando de improviso se presentó Cristina y medio alarmada me dijo… ¡se escapó el loro! ayúdame a atraparlo… ni maíz ve tu, esa cosa maldita la trae contra mi… ayshh ándale… no, ese animal me cae gordo y además es tuyo, ya te he dicho muchas veces que te deshagas de ese pariente de Belcebú… ayshh eres bien malo…

Entonces decidió pedir refuerzos y fue por sus amigas y vecinas Alba y Carmelita, con entusiasmo apabullante las tres señoras se dispusieron a atrapar al ente malvado, el cual se había desplazado hacia el bello (bello en serio) sembradío que había en la parte trasera de mi casa, en ésa época habían sembrado maíz y las cañas con las nacientes mazorcas tenían un tamaño aproximado de 1.20 mts.

Ataviadas con los más adecuados instrumentos para darle alcance al fiero plumífero (Alba llevaba una gran cacerola con mango, Cristina una bolsa del mandado y Carmelita un pedazo de cortina vieja) felices se introdujeron en el prohibido y elotero lugar.

¡Cagadas que se veían las tres señoras! …persiguiendo y saltando como si fueran los personajes de los Muppets, yo con una vista privilegiada desde el balcón trasero de mi residencia, podía divisar los titánicos y divertidos esfuerzos para atrapar al sarnoso loro (nada que ver con el periquillo sarniento), jajajaja, nomás de acordarme jajajajaja….de repente se asomaba la cabeza de una y luego los brazos de otra, una bolsa voladora del mandado, la cacerola con su brillo sin igual, una vieja cortina ondeando cual bandera… en fin, más de una hora duró la persecución, mientras el pajarraco saltaba, volaba y estoy seguro que hasta se reía de las tres ridículas cazadoras de loros.

Al rato suben a mi casa las tres señoras todas despeinadas, arañadas y sucias… yaaa, ya lo atrapamos, -dijeron con una sonrisa de oreja a oreja-….y ¿quién fue la que lo atrapo?…yooo, dijo Carmelita, sólo que lo atrapé con la mano y mira… ay Carmelita mira nomás como traes la mano -con varios picotazos y rasguños del infeliz loro- …no te preocupes ahorita me curo las heridas.

Alba y Cris curaron a su compañera de aventura y se dispusieron ha prepararse un cafecito para platicar tan subyugante episodio.

La tercera vez el loro se fue volando al árbol que está en la esquina izquierda de mi casa, Cris le pagó a un niño para que se trepara a agarrarlo, así lo hizo, pero al bajar el chamaquito le dijo a Cristina… no me dé el dinero, mejor me quedo con el periquito, me gustó… ¡cómo crees, si me lo regaló mi mamá! …pues no se lo doy… y en un épico episodio de cordura y razonamiento Cristina le dijo… ya vas quédate con él, nomás ten cuidado por que es un poco bravo… Bravo!!!

Ahhh cuánto rollo, no me había dado cuenta que me extendí demasiado, aparte éste escrito era para hablar sobre el intenso calor que ha hecho, pero en fin, me acordé de otros animalescos acontecimientos y mi zoológico privado… pero, ¡privado de raciocinio!

Qué exagerado han de pensar, sólo por unos cuantos animalillos se queja… ¿unos cuántos?

2 ratones, 3 o 4 hamsters, 2 parejas de periquitos australianos, 2 parejas de canarios, como 6 o 7 ranas, 2 tortugas, 8 perras, 4 pollos, 2 patos, decenas de peces, 1 maldito loro y hasta 1 iguana… eso sin contar la fauna indeseada como 2 que 3 ratas y ratones, miles de grillos e insectos varios, cientos caracoles y un murciélago vampiro (en serio, hay vampiros por aquí) que me sacó un susto tremendo cuando se asomó por la ventana de la cocina… así como una multitud de aves que nos visitan como garzas, halcones, zopilotes y pajarillos barranqueños… ahh y una que otra triste hiena.

En fin, ya me voy, ya me cansé de escribir… cuídense!!!

Atentamente.
El flaconauta.

P.D. Una vez me preguntaron: ¿Y por qué te divorciaste? …por el gusto de Cristina por los animales emparentados con Lucifer o con Elba Esther… Ciao!!

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