Primera parte.
Una tarde finales de agosto de 1888, cerca de Sutherland en la parte más septentrional de Escocia, Adolph caminaba con cierta dificultad debido a lo resbaloso del terreno, que estaba compuesto de piedras, lodo, musgo y algunos líquenes, tanto a derecha como a su izquierda se alcanzaban a percibir verdes horizontes de pasto y musgo, horizontes que parecían no tener límite alguno. Extensos prados iluminados con los más bellos y exquisitos tonos verdes, que en ocasiones se veían interrumpidos por algunas salientes rocosas cuyo tono gris oscuro en momentos se mezclaba con el mismo tono de las tupidas nubes que presagiaban una gran tormenta.
El transparente y feroz aire que lo envolvía tenía un aroma a verde campo humedecido y de repente al mismo se le añadía un olor a agua salada proveniente del cercano mar al cual se estaba aproximando.
Poco a poco la ladera se fue tonando más empinada de tal manera que unos metros más adelante Adolph tuvo que emplear sus habilidades de alpinista para poder sostenerse de las salientes rocosas que con el húmedo ambiente se habían tornado en resbaladizas.
Aunque estaba ataviado para hacer frente al intenso frío con una casaca de lana de color marrón y debajo de ella un suéter de tweed, la humedad y las fuertes ráfagas de viento lo hacían estremecerse, pero su voluntad y fuerza física lo ayudaron a escalar los cerca de 300 metros de la escarpada ladera.
Al llegar a la cima, una combinación de sentimientos lo atrapó, ya que se sintió aliviado por haber llegado por fin a la parte más alta del risco pero a su vez sintió un temor indescriptible al percibir lo que le esperaba…
Un descenso por el mismo risco, pero ésta vez más escarpado e inhóspito que el anterior enmarcado por un rugiente y hostil mar.
La imagen era terrible, la negra piedra del acantilado era azotada violentamente por gigantescas olas cuyo objetivo primitivo parecía ser la de desquebrajar brutalmente la pared rocosa, el ruido era ensordecedor, tanto el emitido por la furia marítima como el ocasionado por los cercanos relámpagos que avistaban una gran tormenta, era una aterradora sinfonía con la que la naturaleza envolvía a tan cruenta escena.
Todos los tonos de grises se intercalaban, el océano, el cielo y la tierra en momentos parecían uno sólo, pero Adolph al recordar el objetivo de tan ardua labor lo hizo armarse de valor y empezar a descender por la afilada pared rocosa, a los pocos metros detuvo su difícil descenso para ver por fin el lugar anhelado, la meta de tan complicado y largo viaje, la cueva.
Una oquedad de unos 6 metros de alto interrumpía abruptamente el acantilado y por debajo de ésta, a unos 20 o 30 metros las iracundas olas reventaban como queriendo abrirse paso y destruir la firme piedra que durante milenios había sido esculpida por la interminable marea.
Con extremo cuidado Adolph fue bajando hacia su diestra y después de mucho tiempo logró aferrarse a una resbalosa roca y con un salto aterrizó en un costado de la siniestra gruta.
Cansado pero motivado para satisfacer su imperiosa necesidad, se introdujo en ella, no sin antes prender una pequeña lámpara de queroseno que poco alumbraba, pero le servia de guía, para dar el siguiente paso.
Lentamente la gruta lo engulló y la oscuridad se tornó cada vez más negra, el espacio inicial por donde empezó su penoso camino, se fue estrechando conforme avanzaba y el suelo se tornó en un fango resbaladizo, difícil de transitar.
De poco le servían las paredes de la cueva para poder sostenerse ya que estaban muy resbalosas por la humedad y que en algunos lugares un mojado musgo las tapizaba, por lo que con pequeños y firmes pasos continuó su arduo camino. Después de unos minutos, la caminata se vio interrumpida por una vigorosa ráfaga de viento que apagó su lámpara y que hizo que él se estremeciera hasta los huesos ya que en esos mismos instantes, escuchó un tétrico lamento que provenía del fondo de la gruta.
Unos segundos permaneció quieto y por vez primera pensó en regresar y salir de esa fría oscuridad, pero al saberse tan cercano al lugar en donde se podrían cumplir sus anhelos, lo incitó a eliminar sus temores y proseguir su camino. Entre sus ropajes buscó los cerillos y cual fue su sorpresa al darse cuenta que estaba completamente mojado por el constante escurrimiento que había en la gruta, al extraer la caja de cerillos se dio cuenta que estaba humedecida.
Inútilmente trato de encender varios fósforos por lo que la desesperación empezó a hacer mella en él, pero segundos después un profundo lamento lo sacudió, claramente lo escuchó y seguido al primero continuaron otros, mismos que le permitieron orientarse ligeramente en aquella oscuridad, dando unos torpes pasos y tocando las paredes continuó hacia su izquierda y hacia abajo hasta que resbaló y cayó rodando por unos cuantos metros.
Sin percibir el tiempo que permaneció tirado, lentamente abrió los ojos y un habitáculo levemente iluminado se presentó ante él, giró su cabeza para ver de donde provenía la luz y cuál fue su espanto al ver en una de las paredes una gigantesca sombra que pegada a la parte superior de la misma se movía arrítmicamente con forma de monstruo peludo, rápidamente bajo la mirada y miró una figura humana sentada al frente de una fogata.
Su alma regresó al cuerpo y lentamente se incorporó, se acercó hacia la figura humana y una horrible voz le dijo casi gritando… ¡detente! ¿qué haces aquí? … mmm, mme lla-llamo Adolph, se que aquí habita una hechicera que a cambio de un favor cumple los deseos de los que se atreven a llegar ante ella… y ¿qué te dice que yo soy la persona que buscas? ¿cómo sabes de la existencia de esa persona a la que tú nombras como hechicera?… uu, uun anciano, un anciano que me encontré en una taberna de Sutherland, él me dijo que usted podía concederme un deseo, también me dijo como llegar hasta aquí, pero también me advirtió sobre las terribles consecuencias que pudiera tener en caso de que usted me lo hiciera realidad… ¿un anciano?, umm Mc Leod, ese ente maldito, ya lo sabía, le gusta inmiscuirse en la vida de los mortales… me imagino que él es, la verdad no le pregunté su nombre, sólo tomamos unos tragos y me dijo que la hechicera… ¡no soy una hechicera! ¡soy una sacerdotisa celta! vivo aquí desde hace mucho tiempo, pero se realizar algunos conjuros.
Adolph trató de verla a la cara e inmediatamente la sacerdotisa le gritó…¡no me veas! , si deseas permanecer vivo no me veas a la cara, simplemente escúchame… así lo haré… bien, eso está bien sólo escucha mi canto y pronto tus anhelos se convertirán en realidad… pero, ¿cómo sabe lo que quiero?… lo sé, simplemente lo sé.
En un intrépido arrojo por parte de Adolph, se atrevió a tratar de verla, pero la anciana se lo impidió dando un gran golpe con una vara que a manera de bastón azotó en el piso de la cueva. Horrible fue la instantánea imagen que pudo observar él de la vieja, sólo pudo ver una inmensa maraña de cabellos grises y negros con ramas y hojas secas que parecían enraizadas en el canoso pelo de la mujer, pero sólo eso, ya que la cara estaba cubierta casi en su totalidad por el tiznado y enredado cabello de la vieja.
¡Es la última vez que te lo advierto! ¡no me veas! …si desobedeces sufrirás las consecuencias… si, lo prometo… mejor prométeme no decirle a nadie de nuestro encuentro y mucho menos de lo que resulte de él , ya que si lo comentas tu vida se convertirá en una constante tortura y la muerte es la que desearás por haberte atrevido… si, se lo prometo… no te escuché bien… ¡sii, se lo juro!
De una bolsa de cuero que se encontraba a un costado de la anciana, sacó un puñado de polvo y lo arrojó al fuego, intempestivamente el fuego se convirtió en una gran explosión de color púrpura que iluminó todo el recinto de piedra y un espeso humo envolvió todo el espacio.
Segunda parte.
De una espesa niebla surgió la figura de un alto y delgado caballero vestido elegantemente con una gran capa negra y un sombrero de copa completaba la imagen de dicho hombre.
Eran cerca de las 3 de la mañana, la oscuridad envolvía a un intrincado callejón del centro de Londres, sólo una tenue luz proveniente de un pequeño farol alumbraba el mismo, los pasos firmes del caballero en las rotas y húmedas baldosas era lo único que se escuchaba.
Una vez que pasó por debajo del tímido farol, se dio cuenta que del lado derecho, cerca de un portal desvencijado, se encontraba una pequeña y delgada dama, ataviada con un vestido rosa que en su parte superior estaba confeccionado en chaquira del mismo color y sobre de ellos tenía unos holanes rotos que poco cubrían un amplio escote.
Buenas noches elegante caballero… buenas noches señorita… soy Mary Ann y puedo hacer que pase usted una noche más cálida, sé complacer a los hombres, ¿cuál es tu nombre corazón?… el nombre no es de su incumbencia y ¡no soy su corazón! … perdón caballero, sólo quería acercarme un poco a usted, pero no se preocupe casi nadie me dice su nombre… está bien, acompáñeme y no haga preguntas, es más, no hable por favor.
Caminaron unos cuantos pasos y delicadamente el caballero tomó del brazo derecho a la mujer y la introdujo hacia un pequeño espacio de no más de 3 metros en donde la oscuridad era casi total, ligeramente la aprisionó contra la pared y ella le dijo… ay ¿aquí? pensé que me iba a conducir hacia una posada, yo conozco algunas muy económicas, ¿cuenta usted con suficiente dinero para…? … ¡silencio! ¡le dije que permaneciera en silencio! …asentó ligeramente con la cabeza y cerró los ojos.
En un instante el hombre sacó por debajo de su capa una gran navaja y de un certero golpe le cercenó el cuello, lo último que vio la mujer con la poca luz que se infiltraba, fue la espantosa mirada del maléfico ser que la estaba asesinando, misma que fue salpicada con púrpuras gotas de sangre. Ante tan inminente y sorpresivo ataque a la yugular la pobre dama no tuvo tiempo de gritar y sólo le obsequió al caballero una aterradora mirada de pasmosa muerte. El inerte cuerpo cayó al piso casi de inmediato, sólo en un instante instintivamente la mujer se sostuvo por breves momentos de la parte inferior de la capa, para luego soltarla y caer sobre en las mojadas y frías baldosas.
Le ordené que permaneciera en silencio… le dijo susurrante el caballero al cadáver. Seguido a esto, el hombre acomodó el cuerpo de Mary Ann tendiéndolo en el frío piso, le realizó otro corte en la garganta para cerciorarse de que ella no presentara ninguna resistencia y estuviera completamente muerta, después procedió a desnudar el cuerpo de la cintura para abajo, como el vestido tercamente no cedía, procedió mejor a levantarlo y una vez que cubrió la parte superior del cuerpo, de un navajazo cortó sus traslúcidos y gastados ropajes interiores.
Una vez que la tuvo totalmente desnuda de la parte inferior del cuerpo, con una precisión quirúrgica procedió a realizar algunos cortes en el abdomen y con una insólita habilidad sustrajo del cuerpo la matriz y los ovarios, mismos que envolvió en un pañuelo blanco que se tiño de carmesí inmediatamente, el pañuelo lo guardo con extremada delicadeza en la parte interior de su saco.
Sacó otro pañuelo y procedió a limpiarse esmeradamente el rostro empapado de sangre así como los letales instrumentos de muerte, el cuchillo y sus manos, luego sacudió levemente parte de su ropaje y dando media vuelta abandonó el mutilado cuerpo de la infeliz dama, mismo que ahora se encontraba sobre un tibio charco escarlata.
Desapareció sin dejar rastro alguno y minutos después, un policía que hacía su rondín descubrió el macabro espectáculo, el cual causó estupor entre los habitantes londinenses que a través de los periódicos empezaron a seguir la noticia ya que el caballero repitió cuatro veces más los escalofriantes asesinatos.
Annie, Elizabeth, Catherine y Mary Jane fueron las siguientes víctimas del sanguinario y elegante caballero, los diarios día a día dieron nota de sus asesinatos durante los siguientes dos meses y medio, muchos fueron los hombres que se autonombraban como autores de los asesinatos, pero ninguno de ellos fue atrapado o pudo comprobársele la autoría de los mismos, ya que el modus operandi era muy singular y señalaba que el causante de los homicidios contaba con conocimientos médicos, ya que tanto los cortes como la extracción de órganos era propios de un médico y en la Inglaterra de finales del siglo XIX no existía abundancia de los mismos y las investigaciones hacia todos los galenos existentes, no concluyeron en la satisfactoria resolución del caso.
El 9 de noviembre fue la última vez en que Jack el Destripador -como lo habían nombrado los diarios ingleses- cometió su último asesinato y de igual manera como apareció, su espigado cuerpo se diluyó entre la espesa niebla…
Tercera parte.
Entre humos color violeta Adolph despertó de un largo sueño, recostado en un desvencijado camastro, poco a poco se fue dando cuenta en donde se encontraba y dolorosamente se fue incorporando y caminó entre la densa niebla, al traspasarla vio que sentada frente a la fogata y de espaldas a él se encontraba la sacerdotisa de origen celta que le había prometido cumplir sus sueños.
La mujer se incorporó y volteó hacia él, cual fue la sorpresa del hombre cuando por fin vislumbró el rostro de ella y se dio cuenta que era una mujer bellísima, rubia, delgada y con un extenso y fino cabello dorado que había perdido el enmarañamiento que había visto la primera vez.
Ahora se encontraba ataviada con un fino vestido de encaje blanco, por el cual se podía distinguir el desnudo y esbelto cuerpo de la mujer, por lo que por un instante Adolph sonrió, pero poco le duró el gusto de tan bella imagen, ya que atrás de ella se alzaron unas horribles sombras de color escarlata que se entremezclaban y hacían que la visión fuera pavorosa.
Cinco escalofriantes entes envolvían el cuerpo de la sacerdotisa y con un desgarrador lamento, cubrieron al unísono el entorno de la caverna, misma que proporcionó por medio de los ecos una terrible sinfonía de gemidos.
¡Ya! ¡silencio! …profirió la sacerdotisa… dejen de lamentarse, la vida eterna se les ha concedido y tienen que agradecerme haberlas librado de tan penosa existencia que tenían…
Pero ¿qué paso durante mi sueño? ¿qué ocurrió aquí?… nada de lo cual te puedas lamentar o arrepentir, sólo ten fe en mi, ya que por fin tus anhelos se han hecho realidad, tu amada Guinevere será tuya para siempre, sólo ve con ella, su espíritu ahora te pertenece… pero, sólo quería algo de su atención, algún detalle, algún… ¡calla! llegaste hasta aquí por el amor que profesas hacia ella, sólo tómala ¡es tuya! … pero ¡qué ha ocurrido! … ah los mortales, siempre curiosos, siempre preguntando, siempre altaneros, está bien, tu insististe, te describiré lo sucedido, pero ten sumo cuidado, ya que en el momento en que tú divulgues algo de lo que sucedió, inmediatamente tu amada Guinevere fallecerá…
Sucede que tú me has dado dos regalos extraordinarios, el primero es la eterna juventud ya que al haberme entregado el cuerpo joven de cinco mujeres a las cuáles nadie va a extrañar, me otorgaste el don de poder tomar de cada una los sentidos básicos de ustedes los humanos, de la primera tomé el don de la mirada, de la segunda el don de la palabra, de la tercera el don de escuchar, de la cuarta el don del olfato y de la última del don de poder tocar de nuevo a cualquiera de ustedes, me brindaste juventud y sentido.
El segundo, fue el poder que sólo la matriz de una mujer puede dar, el don de la vida, así que desde la primera vez que me regalaste tu esperma yo quede embarazada de ti y mientras me hacías el favor de otorgarme los otros dones que yo necesitaba, me dí a la tarea de buscar un cuerpo en el cuál sembrar nuestra semilla… ¡pero cómo! ¿como fue posible eso? … fácil, cuento con milenarios conocimientos en brujería celta y eso lo hizo posible y además aproveché tus vastos conocimientos quirúrgicos, de lo demás, yo sola me encargué, sólo te recomiendo una cosa, nunca viajes a Londres…
Por lo pronto en Braunau del Inn al norte de Austria he encontrado a la mujer perfecta para que pueda parir nuestra sangre, dicha mujer se llama Klara Pólzl, y será la madre de nuestra gran estirpe, su hijo se llamara Athalwolf que significa noble y lobo, por lo que nuestro hijo será eso, un lobo y un hombre a la vez y su objetivo será en convertirse en el amo del mundo, así que a finales de abril del año que entra, nacerá Athalwolf que en su idioma se pronuncia igual que tu nombre, Adolph…
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